viernes, 1 de mayo de 2009

Todos los días se pasan como frágiles segundos incontenible en este espacio, tiempo. Siento que no soy sincera conmigo misma al forzarme encontrar a alguien con quien pasar mis momentos de ocio, y es que sé, no hay alguien que le interese compartir sus escasos segundos con alguien tan desocupada como yo, todos quieren a alguien interesante y que tenga tan poco tiempo que deba luchar por ganarse esa escacez de exclusividad.
Bueno, así no soy yo, me engaño constantemente e intento no querer a alguien por miedo a sentirme utilizada, por entregar demás. Mi inocencia me juega malas pasadas, creo en el amor y en la bondad de la gente, siento como si el mundo fuera a ser diferente si apareces derrepente y me levantas el ánimo. Presa fácil de cualquier cazador, quizás muchos crean que soy una promiscuao enamoradiza innata, la verdad es que no lo soy... como bien dije antes, el miedo a querer, enamorarme o entregar de más, me perturba.
Me encuentro entre dos, sólo quiero a uno... confío en el otro. Es interesante el cómo una palabra puede cambiarte un día. El cómo una sonrisa puede hacer salir el sol y el cómo una simple distracción te puede llevar más lejos de la realidad.
Ese es mi problema, arriesgarme por uno, no arriesgarme del todo... sufrir sin haber vivido, sentir ilusamente y pretendiendo que me quiera sin siquiera darle la oportunidad de conocerme (sólo conoce la faceta de psicopática joven que parece estar más dispuesta a acosar que a entender, escuchar, disfrutar... luchar).
No quiero dar falsas ilusiones, no quiero dar a conocer falsas identidades y deshacerme en un último suspiro que refleje el dolor de un alma abatida en un mundo de promesas... quiero hayar esa mano salvadora que estoy segura aprendí a conocer una madrugada de abril y la cual todavía espera latente a una señal. Espero darte esa señal antes que se apague la vela.

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