"Con todo mi corazón para uno de los más grandes regalos que me ha dado la vida, mi hermana Isidora."
Érase una vez en un lluvioso día de invierno, una hermosa princesa llamada Javiera. Ella vivía muy dichosa junto a sus padres y su querido pony llamado Estrella.
Un día Javiera decidió ir a recorrer el castillo que habitaba, pues por primera vez sentía curiosidad por saber cómo era el lugar donde vivía. Encontró bellos trofeos, repisas gigantescas, extraños objetos, ¡tantas maravillas!, pero cuando intentó ingresar a una particular habitación, un guardia desesperado se acercó y le dijo: "lo lamento mucho princesa, pero el rey tiene estrictamente prohibido que alguien ingrese a ese lugar, inclusive usted".
Luego de lo ocurrido, Javiera no se resignó e intentó fallidamente durante varios días convencer al guardia. Viendo que era inútil seguir insistiendo, tomó una desición y aprovechó un momento en que el guardia tomaba una siesta para poder ingresar al extraño lugar; lo que allí vió la impresionó. Cientos de retratos de una hermosa joven adornaban las paredes, la asombrada princesita no lo podía creer, al parecer ella no estaba tan sola como creía: tenía una hermana.
Como sabía que sus padres sólo se limitarían a responder: "No se hablará del asunto", investigó durante años sólo para saber el nombre de la joven. Cuando Javiera ya tenía 10 años y creía que era una pérdida de tiempo seguir en su búsqueda, se topó en el bosque con alguien que le parecía sumamente familiar.
- Hola, dijo Javiera.
- No deberías estar aquí, dijo la hermosa pordiosera.
- Lo sé, pero este es el único lugar donde puedo ser yo misma
- ¿Por qué dices eso? ¿Acaso allá en el castillo no lo tienes todo?
- Mmmm, puede ser, pero hay tantas cosas que no me permiten hacer, hay tantas cosas que me niegan de saber que a veces sólo quisiera marcharme de casa.
- ¿Acaso tú crees que serías muy feliz en este lugar?
- Definitivamente lo sería.
- Parece que no sabes mucho de este mundo. Mira, hace muchísimos años yo también tuve un hogar tan bueno como el tuyo; todo lo que deseaba me era concedido. Hasta que un día nació mi pequeña hermana.
Ella era muy mimada y concentida porque brindó aún más alegrías al hogar. Yo nunca estuve celosa de su existencia, al contrario, nunca creí que hubiese criatura más hermosa en el mundo. Fué así como en el día de su cumpleaños mandé a pedir que me bajaran una estrella desde el cielo para ella.
Los sirvientes trajeron toda clase de objetos de los más diversos colores y formas, pero ninguno se comparaba en belleza a mi preciosa hermana. Mi rabia fue tan grande que rompí todo lo que estaba a mi paso y llena de cólera me marché.
Cuando por fin había logrado calmarme, mi entrada al palacio ya había sido prohibido y mis padres renegaban mi existencia.
Desde entonces ya han pasado 5 años y sólo soñaba con volver a ver a Javiera, ahora que he cumplido mi objetiivo, puedo marcharme en paz a una nueva vida.
Que emoción más grande fue la que sintió la pequeña princesa al haber descubierto que el cuarto que tantos años la llenó de preguntas pertenecía a la pordiosera, quien además era su hermana.
Intentó durante semanas por cielo, mar y tierra convencer a sus padres que le permitieran a su hermana volver, pero lo único valioso que pudieron decir fue: "Hace años la perdonamos, pero no podemos permitir que vuelva".
Con los ojos llenos de lágrimas, Javiera volvió una y otra vez al bosque tratando de encontrar a su hermana: nunca volvía.
Un día mientras ella dormía, la pordiosera tiró una pequeña piedra a la ventana de la princesita, quien salió inmediatamente a su encuentro. Una vez afuera, la joven le dijo a Javiera: quiero que vengas conmigo, eres mi hermanita, ya te perdí una vez y no quiero volver a hacerlo.
Sin pensarlo dos veces, Javiera y la pordiosera se marcharon cabalgando a Estrella hasta llegar a un bosque mágico donde la joven le tenía una sorpresa.
- Si bien estuve años sin saber de ti, valió la pena porque pude conseguir aquello que tanto anhelaba darte; dijo la pordiosera quien luego sacó de un árbol una brillante estrella.
La princesita estaba tan feliz que no le importó tener que renunciar a su castillo, ya que sabía que con su hermana serían eternamente felices, viviendo por los bosques y descubriendo todas las cosas que el mundo les tenía preparado.
