Viajaba en el auto familiar, como siempre lo hacía, pero este día no era un día como cualquier otro; pues ella cerraba un libro, para escribir su historia en otro, lejos de quienes inconcientemente le ataron a su condición de chica hogareña.
Su cara inexpresiva reflejaba una mezcla de sentimientos imperceptibles, pero tan lógicos, que el sólo negarlos era para ella motivo de más confusión. No quería que los demás supieran que ella también lamentaba todo lo ocurrido, aunque solo significaran una ínfima parte de lo que el resto sentían.
Y tan rápidamente como empezó, terminó ese tortuoso viaje a la libertad. Prefirió no disfrutar sus últimas horas con quienes había vivido toda una vida y terminó las cosas tan friamente como terminaba con todas sus etapas que abruptamente se veían interrumpidas por fuerzas que ella siempre deseó controlar.
Así, el día fugazmente se fue, con un amargo sabor y una esperanzador porvenir. Pero ella no se inmutó, siguió adelante, conoció aquellos nuevos estilos de viviry se dedicó a crear una propia vida. Era lo mejor que pudo haber hecho, pues si se mostraba como realmente era, nadie la aceptaría: ella era inteligente y sabía cuando y cómo hacer las cosas.
Los meses se escurrieron como el agua entre los dedos y penosamente vió cómo todo tan superficialmente se iba desvaneciendo, nadie aprovechaba el día a día; se terminó deprimiendo. Prefirió marcharse a un lugar cerca del río... así nadie conocido la vería llorar, y cuál sería su sorpresa al escuchar una voz ya familiar: era el joven que tanto había querido y renegado por años. Supuso que estaba lo suficientemente lejos como para no ser percatada , por lo que limpió sus lágrimas, se levantó raudamente, pero él ya estaba ante sus ojos. Entre euforia y depresión (no sólo por los problemas que la acongojaban), corrió impulsivamente hasta chocar contra un arbol que no había visto. Este hecho sólo le hizo sentirse más idiota de lo que ella ya creía, pero él con un poco de dulzura y mucha risa contenida le ayudó a levantarse, acto que incrementó aún más la rabia que ella sentía por la estupidez cometida; pero que fue mitigada por el amor que sentía hacia quien hubiera sido por tantos años su confidente.
Luego de que todo entre ambos se compusiera y los ánimos se calmaran, decidieron ponerse al tanto con lo ocurrido durante ese tiempo no compartido. Risas, llanto, pero sobre todo, grandes confesiones volvieron más fuerte que nunca ese cariño mutuo que tan platónicamente habían conservado.
Para su suerte, ese fugaz, pero tan emotivo reencuetro fue de tanta ayuda que supo recuperar las fuerzas y salir adelante.
Con el paso de los días, los reencuentros entre ellos fueron cada vez más frecuentes, más espontáneos, más sutiles. Eso generó un lazo que jamás habían experimentado. Se sentía tan bien lo que este lazo generaba, se necesitan tanto y a la vez tan poco; era lo único suficientemente simple como para mantenerlos encantados; caminando por algún lugar conocido, comiendo helado, corriendo sin sentido, cantando o como siempre preferían: hablando.
Ya estaba por finalizar el año, muchas heridas cicatrizaban y otras nuevas comenzaban a surgir; pero los problemas no eran obstáculo para ella; ella lo quería demasiado como para permitir que los problemas personales afectaran aquel mundo que ellos dos inconcientemente habían creado. Fue en uno de esos peores momentos cuando él la llama desesperadamente para que se encontrasen en un lugar del cual ella nunca había oído. Preguntó a todo aquel que pudiese darle alguna indicación sobre cómo llegar a aquel desconocido destino, ya que presentía, la urgencia de aquel llamado.
Luego de haber viajado por tantas locomociones diferentes, llegó al lugar acordado, buscando con desesperación a quién tan ansiosamente le necesitaba. Fue en ese preciso instante que él la toma por la cintura, haciendola sentir más segura a su lado que nunca y sólo dice: estoy aquí. Conmosionada, ella instintivamente gira hacia donde él y mirandolo a los ojos, lo besa tímidamente.
Pero como cuento tiene su lado triste, este no tiene feliz final. Terminado aquel suceso, que en las nubes la dejó, ese hecho que nunca más sentirá, sintió un frío beso en su mejilla. Era su madre que le despertaba, ya que ese día, sería el último que pasarían juntos como familia.