Se pierde lentamente cada segundo de tiempo,
porque cree que respirar es más útil
(si pudiera dejarlo de lado
se daría cuenta que desperdició
gran parte de su vida en una opción
que le quitó al gran amor que pudo tener).
Cada día en ese mismo café estaba ella esperando como si nada,
compraba el mismo latte de vainilla de gran tamaño
y se sentaba a mirar por la ventana,
como si esperara a alguien realmente
(por lo menos eso es lo que
en sus ojos reflejaba diariamente).
Cuando lo percibía al entrar sonrojaba levemente,
pero no apartaba su mirada de la ventana,
aunque era muy notorio que su interés
por el paisaje, disminuía.
Así pasaron años,
cuatro para ser más específica,
y la misma simple rutina se repetía a las 9 de la mañana,
no importaba si él entraba o no,
si se ausentaba por días, o semanas.
Pero hay algo para recalcar, por extraño que parezca
su aspecto parecía cambiar,
ya que cada tres meses exactos, su color de cabello,
peinado y largo se veía alterado.
Como sea, él nunca se vio interesado en siquiera ver
los ojos de aquella muchacha de indefinible edad.
No es que no gustara de ella, que la encontrara extraña
o no le llamara la atención; el punto es que él se tomaba
ese posible tiempo de conversación
sólo para respirar.
Sí, no hay que juzgar la acción, ya que en su agitado mundo,
el simple hecho de pensar en que estaba vivo
era lo más relajante que podía hacer,
el único motivo por el cual sentía que valía la pena vivir cada día
(ese momento de llegadas las 9, donde ir
a ese lugar a respirar sin saber de algo,
se volvía su todo).
Creo que la rutina, la desesperanza y la falta de amor propio
son potentes enemigos,
es por esto mismo que un miércoles cualquiera
de un mes común
ella ya no se encontraba allí.
Eso fue algo muy extraño, tanto así que de inmediato él lo notó,
no le tomó mayor importancia puesto que respirar era lo único
que no se podía alterar en su vida
(el resto son personas y las personas cambian según cambia
el entorno).
Lo raro de todo esto es que esta situación se prolongó,
primero semanas, luego meses.
Él ya no concebía que esa adorable joven no volviera
así que por primera vez en cinco años se dignó a preguntar por ella.
Primero al camarero, quien le dio datos irrelevantes;
luego al dueño del local (quien fuera la única persona
con quien la chica mantuviera contacto), él fue más útil,
pero aún así le llevó a múltiples contactos efímeros con más y más
personas, hasta que en un punto determinado su obsesión por saber de ella
había consumido su único momento de escapatoria a la realidad:
respirar.
De este modo, pudo saber donde vivía ella,
tal fuera su sorpresa al enterarse del lugar
que por fin pudo atar cabos sueltos.
Es triste cómo una máquina tan perfecta como el ser humano,
puede dejar pasar pistas tan evidentes sin que siquiera se hiciera
caso omiso a ellas.
Fue así como él recordó cuándo comenzó a acudir al café,
era su primer día de trabajo y ella ya estaba allí.
Volviendo más al pasado
recordó que la había visto en otro lugar,
antes de graduarse en la universidad,
ella se encontraba en su segundo año de estudiante.
Y entre recuerdo y recuerdo,
el rompecabezas se empezó a formar;
hasta que en determinado punto,
recordó un miércoles en particular:
estaba corriendo de prisa, pues con retraso
iba a llegar a rendir su primer examen de aquella
asignatura anual. Por ende debía ser puntual,
pero a la salida de su apartamento chocó con una joven
que le retrasó aun más,
ya que cayó una caja de mudanzas donde se entremezclaron
apuntes de él con los de ella.
Él se enfureció y la insultó,
los ojos de ella de cristalizaron
y él sólo optó a pedir perdón y correr
(no podía perder más tiempo todavía).
Ese mismo día él fue a la casa de la joven
le comentó que era nueva en la ciudad,
que además estaba empezando sus estudios universitarios
y que pretendía un futuro próspero en ese barrio en particular.
Día a día se hicieron amigos,
hasta que entre una visita y otra
ella acudió al departamento de él,
la puerta estaba entreabierta y la música estaba extremadamente fuerte.
Fue por esta razón que ella se asustó y acudió a la pieza de él.
Lo malo de todo es que lo encontró en un proceso
de reconciliación con su novia, este hecho la impactó
porque creyó que él la amaba.
Desde ese entonces nunca más le habló, cambió abruptamente
sus rasgos físicos para no ser reconocida
e intentó disimular que todavía se encontraba habitando
en ese departamento en particular.
Método efectivo que realizó a como de lugar.
Cuando él volvió en sí recordó más.
Ella cada vez que cambiaba sus cabellos
era por una razón en especial,
cada uno de ellos reflejaba a las novias que él había tenido
desde que ellos se conocieron.
Entonces llegó a él el último gran recuerdo que no podía obviar
una única declaración que le dijo
en un momento de ebriedad
(y es que ellos estuvieron juntos, en la intimidad,
en más de una ocasión y con alcohol nada más):
si un día me marcho será un día igual al que te conocí,
un día miércoles de mediados de mes,
para que recuerdes cómo te recuerdo a ti.
Sólo pudo llorar, pero no físicamente, sino de un modo más emocional,
su ser lloraba por dentro porque dejó pasar a quien más le había amado,
y por tantos años además.
Cuando se dispuso volver a su hogar, vio a una multitud
retirando del departamento de ella,
todas sus posesiones, pero no se encontraba entre la gente.
Así que directamente se acercó a una mujer
a preguntar dónde se hallaba, que la amaba, que le perdonara;
y en pleno ataque de ira la mujer contestó:
"¡Fue por usted desgraciado que ella se mato!".
Ya no supo qué hacer, sólo se retiró a su hogar
(sin percatarse que la mujer lo había golpeado)
y se acostó a dormir, teniendo en cuenta que sin haber hecho algo
tan poco había aprovechado y tanto daño había hecho.
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