domingo, 4 de marzo de 2012

Un cambio me vendría bien

Hoy me he dedicado a analizarme. Soy una mujer de 21 años, peso 49 kilos al despertarme y 50 después de almorzar; mido 1,57 m, tengo el pelo crespo (que aliso sagradamente debido a lo corto que está) y es castaño claro; en cuanto al color de mi piel, es como blanca tostada y con la cara llena de pecas. Tengo fama de sexy porque soy muy curvilínea y hasta de bonita (cosa que no comparto). Aún así me acepto y quiero por lo que soy.
Soy de esas mujeres de casa que saben hacer de todo; desde cocinar hasta reparar muebles... No tengo complejos y rechazo los sexismos porque es repulsivo, denigrante, como que simplemente se encargan de dividir una sociedad; cosa que ya me tiene chata porque ¿a quién le gustaría ser juzgado por su pareja por no cumplir con los parámetros que estas "cosas" imponen? No, eso no va conmigo. También soy media reacia a salir, no porque sea una cartucha que encuentre fome compartir un par de traguitos acompañados de sus cigarros, sino más bien, porque prefiero quedarme en casa leyendo, estudiando, viendo películas y embriagándome con música; ahora, si mis amiguitos aparecen con prometedores carretes, no lo pienso ni dos veces, aún cuando al día siguiente tenga certamen. Y es que los hombres son tan geniales, para mí que debí nacer siendo un macho recio, bien masculino para mis cosas, imponente tanto física como psicológicamente, bueno para las fiestas, pero responsable; porque tengo super desarrollado mi lado masculino (lo que no quiere decir que sea amachada, soy súper femenina), si basta con decir que mis dos amigas más afines también están más conectadas con su lado masculino, son de esas mujeres que no tienen un mundo "Barbie girl", que hasta son consideradas como un hombre más. Es que si hay algo que detesto más que cualquier cosa en el mundo, son las mujeres chanchiguagüis que en persona son una cosa y por detrás son otras, esas niñas que te dicen "amigui, te ami y siempre voy a estar contigo en las buenas y en las malas", pero te alejas de ellas y a los cinco minutos ya te han desnudado psicológicamente ante sus otras chanchiguagüis. De hecho en enseñanza media, me costó tener mejores amigas; no son ni hombres hechos mujer, ni chanchiguagüis, así que les sigo guardando cariño a tal punto que cuando nos reencontramos es como si el tiempo nunca hubiese pasado en nosotras. Por otro lado está mi contra parte, mis compañeras de carrera, tuve la mala suerte de sentirme atraída por una de las carreras más femeninas del mundo: enfermería, algo tóxicamente desagradable cuando eres como yo, lo peor, es que la mayoría de mis compañeras dicen: "ay, si yo tampoco me llevo bien con las mujeres" pero dentro de la carrera son todas amiguis, o sea, no son más que chanchiguagüis disfrazándose de alternativas (pero no todas son así, gracias a Dios)
En fin, aunque acabo de decir mil cosas que me podrían dejar de mujer de libre pensamiento; he sido muy tonta en el área sentimental (tan típicamente mujer), era de esas mujeres que sólo pololeaba, de esas chicas que soñaban con el príncipe azul, que ya a los 20 iba a pololear con el hombre de mi vida y que terminada la carrera nos íbamos a casar, tener hijos y una vida de ensueño... Pero qué estupidez más grande, aparte soy muy buena para buscarme pobres perdedores que me tenían comiendo de su mano, mientras yo les regalaba el sol y la luna. Sí y es que no significa que ser una buena persona, ese buen amigo, buen hijo, hasta buen estudiante te haga una buena pareja; al contrario, pareciera ser que mientras más bueno eres en estas áreas (me refiero a los hombres), más perdedor eres como pareja. Filo, por suerte me di cuenta ahora que soy sumamente joven, que no vale la pena andar sufriendo por un pobre loser que no te llega ni a los talones y que la vida continúa.
Creo que me hacía falta un cambio y haber dado "ese paso" me liberó de mis prejuicios, porque a veces prefiero reprimir mis ganas de hacer algo; pero eso mismo permite que no podamos crecer.

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