piel de porcelana congelada en una foto
que se escondía en un cajón de lo más remoto,
que aguardaba inconscientemente con la esperanza viva.
Pedía en silencio que las cosas cambiaran de una vez
ya que tanta amargura de un simple capricho ajeno,
eran inconsecuencias pasajeras tiradas en vertederos,
desechos de un corazón tierno que ya no podía ser.
Despertando como cada mañana tranquila,
dudó nuevamente si valía la pena salir de esa rutina banal,
eso que diariamente la confortaba en su halo de comodidad,
como si supiera que las cosas por fin cambiarían.
Cambian las cosas de un segundo a otro tal como en un sueño,
creyendo que todo era mentira o simplemente pasajero
se dejó llevar por el momento que creyera terminaría pronto,
pues no quería que ese gran todo terminara en un hasta luego.
Cerrando los ojos de nuevo la imaginación era volátil,
pensar que las cosas se transformaban en perfección no estaba entre sus planes
siguió entregándose sin querer entregar el corazón como antes,
pero nadie le dijo que eso se controla, es inútil.
Abre los ojos por enésima vez en su vida,
mira a su lado pensando en que todo volvería a ser como siempre,
pero las cosas estaban cambiando tan vertiginosamente,
que no podía asociar, sería cualquier cosa, menos, una mentira.
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