jueves, 13 de octubre de 2011

Carta

No sé de dónde saliste o por qué entraste en mi vida, creí por bastante tiempo que éramos el uno para el otro, que nada más nos bastaba y que la fuerza de voluntad era suficiente para que nuestro amor prosperara. De a poco me fui desilusionando, sin saber qué querías, sin poder darte lo que merecías, sin creer cómo actuabas. Al parecer todo lo que me dijiste una vez es cierto, no sabes cómo enfrentar una relación, yo sí, pero una relación es de dos, si uno de los dos no sigue el camino los dos se alejan. He puesto mi vida entera en juego por esto, creyendo que no podía existir alguien mejor que tú, que me llenara más, que me hiciera en definitiva más feliz; me equivoqué, nuestras prioridades son distintas y no estoy en tu escala de prioridades al nivel del que tú estás en la mía.
No te culpo, eres joven, nadie te pone límites para crecer, creer, madurar, asentarte, nada; pero tus palabras (nacidas de no sé qué sentimiento) me hicieron aterrizar después de años, nuevamente vuelvo a ser de a poco la joven fría y calculadora que si bien no le hace daño al resto, sólo le importa ella misma. Me hubiese gustado que esto hubiese sido mejor, pero a diferencia de lo que dicen The Beatles, no todo lo que necesitas es amor.
Si pudiera volver a darte este tiempo que te he dado, te lo volvería a dar, contigo he aprendido a amar de verdad, en su máxima expresión y si te he hecho daño te pido perdón; de igual manera te pido que hagas un mea culpa, veas cuales son tus errores y no los cometas a futuro. Te sigo amando, no creas que esto es una despedida, mi intención no es molestarte o hacerte sufrir, pues también estoy enamorada, totalmente enamorada de ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario