miércoles, 29 de abril de 2009



Deliverante tristeza
agonía imperdonable
dolor incurable
o antipatía resignada.

Se encontró tras un espejo
su única salida a la verdadera realidad
tras su mente retorcida
tras ese exceso de enfermedad.

Días agónicos,
llenos del qué dirán
marcas que en su cuerpo no cicatrizan
incohrencias sellado con odio.

Y es que los días no avanzan
no se debe regar una flor
si se sabe que algún día morirá
pensamiento que la llenaba de satisfacciones
que le volvían vulnerable y débil:
que la hacían tocar fondo.

Dulces labios decidió no volver a probar
a cambio de perfección ilimitada
y disminución de críticas.

Horas pasaron sin querer
flor que se desvaneció sin conocer
perfecta imperfección asesina
que la llevó a sacrificar su vida.

Y no ve la realidad,
todo un mundo desperdiciado
amor maltratado,
de un ser incomprendido.

Bajan los desiveles
sube la presión
aumentan las endorfinas,
ya no late un corazón.

Libro sellado, un día sin fecha
historia imposible que se volvió realidad
sinceridad que se oculto
detras de una sonrisa sin amor
que la llevó desesperada
y sacrificar hasta su vida.

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