
Con cada suspiro se esconde una palabra no emitida, un sentimiento recelosamente guardado, una declaración nunca dicha. Eso es lo que nos ocurre precisamente, preferimos durante tantas situaciones callar antes que sentirnos vulnerable en esa presencia.
Y es que con cada despreciable adiós se ven pisoteados miles te necesito, eres muy importante, asi como tantas otras. Sé que esos suspiros son impedimentos meramente personales, pero se vuelven ajenos cuando cada distinta persona se dignó a mirar nuestros ojos y aún sabiendo lo que pasaba tomó el mismo fácil camino nuestro: reprimir tras un suspiro aquella duda que dejaba de ser duda con la demostración de los hechos.
Cada uno siempre termina decidiendo por bien propio y sufre el doble porque como algo propio del instinto humano ( o más bien dicho, algo propio de la imbesilidad humana) es ponerse en la encrucijada: "¡quizás todo sería tan distinto si hubiera dicho lo que no dije!". Esa latente semi culpa nos acompaña durante mucho tiempo (en especial si te importó ese otro), pero para librarnos de ella acudimos a otro gran error: tratamos de encontrar a alguien con quien podamos tener una relación sentimental y hasta somos capaces de mentirnos a nosotros mismos sólo para tratar de olvidar aquella siempre latente semi culpa. Todo resulta bien, canalizamos aquellas emociones que fuimos capaces de expresar, nos sentimos realizados, algunos enamorados y hasta perdemos la cabeza pues creemos que esa otra persona es tan diferente y única que el antiguo amor no se le puede comparar. Idelaizamos tanto a esta nueva persona que encontramos en ella hasta cualidades inexistentes; practicamente todo en esta nueva persona es perfecto y esos pequeños defectos son tan sutiles que podríamos modificarlos sólo por el hecho que "nos ama".
El tiempo pasa y los problemas típicos de la convivencia, el desplome de la ilusión o simplemente los defectos empiezan a aflorar. Es en este mismo instante en que entre angustia y dolor, llanto para algunos, rabia o confusión nuestra semi culpa aflora nuevamente. ¿Por qué será que cuando un amor es en vano lo primero que se viene a la mente es aquel amor nunca concretado? Es por una razón, esa persona caló hondo y necesitamos desahogarnos siquiera para quitarnos ese peso de encima.
Luego de mucho analizar las multiples encrucijadas, de ponernos en más de mil y un escenarios la semi culpa se convierte en un objetivo crucial, una decisión que marca la diferencia entre el todo o nada. Decidimos arriesgarnos por el todo, y aunque tenemos en cuenta que el tiempo no ha sido poco; tenemos más cartas a nuestro favor: nada qué perder. Buscamos la situación más apropiada y lanzamos aquel palabrerío que un tiempo atrás no era más que una gran mezcolanza de conectores mal utilizados, adjetivos calificativos sumamente exagerados y que ya hemos organizado de modo tal que nuestro antiguo posible amor no se espante ni descoloque ante nuestras palabras. Sólo queremos dar a conocer aquellos que tanto tiempo ha tomado en salir de nuestro ser para ser entregado de una vez por todas a quién le corresponde.
Es así como después de una extraña conversación algo extraño ocurre: generalmente todo hubiese funcionado si las cosas se hubiesen dicho a tiempo, pues esa otra persona sentía lo mismo. Quizás la frustración recorra por nuestro cuerpo un par de minutos, horas o incluso días; pero después de un último suspiro abriremos nuestros ojos, podremos mirar al pasado y veremos que por suerte, nos quitamos de la espalda un asunto pendiente.
Y es que con cada despreciable adiós se ven pisoteados miles te necesito, eres muy importante, asi como tantas otras. Sé que esos suspiros son impedimentos meramente personales, pero se vuelven ajenos cuando cada distinta persona se dignó a mirar nuestros ojos y aún sabiendo lo que pasaba tomó el mismo fácil camino nuestro: reprimir tras un suspiro aquella duda que dejaba de ser duda con la demostración de los hechos.
Cada uno siempre termina decidiendo por bien propio y sufre el doble porque como algo propio del instinto humano ( o más bien dicho, algo propio de la imbesilidad humana) es ponerse en la encrucijada: "¡quizás todo sería tan distinto si hubiera dicho lo que no dije!". Esa latente semi culpa nos acompaña durante mucho tiempo (en especial si te importó ese otro), pero para librarnos de ella acudimos a otro gran error: tratamos de encontrar a alguien con quien podamos tener una relación sentimental y hasta somos capaces de mentirnos a nosotros mismos sólo para tratar de olvidar aquella siempre latente semi culpa. Todo resulta bien, canalizamos aquellas emociones que fuimos capaces de expresar, nos sentimos realizados, algunos enamorados y hasta perdemos la cabeza pues creemos que esa otra persona es tan diferente y única que el antiguo amor no se le puede comparar. Idelaizamos tanto a esta nueva persona que encontramos en ella hasta cualidades inexistentes; practicamente todo en esta nueva persona es perfecto y esos pequeños defectos son tan sutiles que podríamos modificarlos sólo por el hecho que "nos ama".
El tiempo pasa y los problemas típicos de la convivencia, el desplome de la ilusión o simplemente los defectos empiezan a aflorar. Es en este mismo instante en que entre angustia y dolor, llanto para algunos, rabia o confusión nuestra semi culpa aflora nuevamente. ¿Por qué será que cuando un amor es en vano lo primero que se viene a la mente es aquel amor nunca concretado? Es por una razón, esa persona caló hondo y necesitamos desahogarnos siquiera para quitarnos ese peso de encima.
Luego de mucho analizar las multiples encrucijadas, de ponernos en más de mil y un escenarios la semi culpa se convierte en un objetivo crucial, una decisión que marca la diferencia entre el todo o nada. Decidimos arriesgarnos por el todo, y aunque tenemos en cuenta que el tiempo no ha sido poco; tenemos más cartas a nuestro favor: nada qué perder. Buscamos la situación más apropiada y lanzamos aquel palabrerío que un tiempo atrás no era más que una gran mezcolanza de conectores mal utilizados, adjetivos calificativos sumamente exagerados y que ya hemos organizado de modo tal que nuestro antiguo posible amor no se espante ni descoloque ante nuestras palabras. Sólo queremos dar a conocer aquellos que tanto tiempo ha tomado en salir de nuestro ser para ser entregado de una vez por todas a quién le corresponde.
Es así como después de una extraña conversación algo extraño ocurre: generalmente todo hubiese funcionado si las cosas se hubiesen dicho a tiempo, pues esa otra persona sentía lo mismo. Quizás la frustración recorra por nuestro cuerpo un par de minutos, horas o incluso días; pero después de un último suspiro abriremos nuestros ojos, podremos mirar al pasado y veremos que por suerte, nos quitamos de la espalda un asunto pendiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario