miércoles, 4 de febrero de 2009

Detráss de ese escudo que escondemos ante la sociedad se encuentran personas dispuestas a dejar atrás.
Personas que aman sin importar circunstancia, tiempo ni ocación. Sólo les interesa escuchar al corazón y olvidar la discordia.
Sintiendo que no existe el pasado, que no hay un presente real y que lo ficticio del futuro algo bueno les traerá.
Cuando las luces caen y el calor empieza a surgir, existen personas que se conforman con verse sin pedir. Personas que pueden hablar sin siquiera emitir sonido, sensaciones inexplicables que no recurren al tacto.
Vuelve la gran bola de fuego a su lugar y las personas solo sus ojos pueden abrir ya. Satisfacción inexplicable que sólo una risa puede provocar. Porque el día ha comenzado y se insertan en la sociedad esas personas que están dispuestas a amar.
Pasan las horas, disminuye la disposición y aumenta la tensión. Si los días fueran disponibles, ellos sólo sabrían disfrutar de la compañía de esa persona que aman.
Así la disponibilidad se pone a su disposición, cada uno con una vida que no se puede compensar, dos solitarios entes que aún así se aman. Llenan de vitalidad un vacío que nunca creyeron se podría llenar.
Detrás de ese escudo que llamamos sociedad, se esconden amantes que sólo quisieran demostrar, que importa más el sentimiento que un estereotipo prefijado de antemano.
Detrás de ese escudo podemós decidir, si amamos sin importar, o si nos escudamos para evitar sentirnos amados y poder amar.

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